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domingo, 30 de enero de 2011

´Los privilegios de Álvarez Renta y la "ningunidad" de Sobeida


El pasado 20 de enero el periódico digital 7dias y el programa radial El Matutino Alternativo hicieron pública una información, avalada por un documento oficial, que daba cuenta de las frecuentísimas salidas de la cárcel de Najayo del privilegiado recluso Luis Álvarez Renta. La primera, en septiembre de 2008; la última, el 18 de enero de 2010. Ciento diecisiete salidas, la mayoría por “emergencias médicas”, en apenas 28 meses, un récord difícil de igualar en la historia penitenciaria dominicana o de cualquier país similarmente corrupto.

Evidenciada la laxitud del control de salida en el caso de Álvarez Renta, condenado a diez años de prisión por lavado de activos en el caso Baninter, las “autoridades” del área hicieron mutis. El director de Prisiones, Manuel de Jesús Pérez Sánchez, porque le dio la real gana; el juez interino de Ejecución de la Pena de San Cristóbal, Willys de Jesús Núñez Mejía, porque la Suprema Corte de Justicia le tiene prohibido dar declaraciones a la prensa. “Los jueces”, dijo, “hablan por sentencia”. Máxima jurídica aquí de uso inadecuado; de lo se trataba, simplemente, era de conseguir una explicación de las libertades dadas por la autoridad a alguien que aún no ha saldado su deuda con la justicia.

Una de estos permisos, el último del que se tenga constancia, tiene particular relevancia: el concedido para una visita a la casa del cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez. Que la voz católica más beligerante frente a las “inmoralidades” de terceros –grupos o individuos que, por lo general, adversan sus ideas— consienta esta violación del régimen penitenciario y se reúna tranquilamente en su residencia con un reo de la justicia, solo puede entenderse acudiendo al repertorio de las perversas complicidades de los sectores de poder dominicanos. Álvarez Renta, corresponsable de la defraudación que lanzó a la pobreza a medio millón de dominicanos, no provoca en el cardenal ninguna repulsa, ningún escozor moral. Son amigos y comparten animadamente en la acogedora privacidad del palacio cardenalicio. Mas hagámosle al “príncipe” una concesión: si la Iglesia católica se hizo cómplice de la pederastia de numerosos de sus más connotados jerarcas, que causaron –como los fraudes bancarios aquí— daños irreparables, es “normal” que López Rodríguez no anatematice la conducta de Álvarez Renta, un hombre del Poder y con poder. Son alas de un mismo pájaro.

Es harto sabido que los exbanqueros condenados por delitos comunes en los tribunales gozan de licencias que aligeran, casi hasta hacerlo desaparecer, el peso punitivo de las sentencias. Desde la concesión de espacios para adecuarlos a sus anteriores modos de vida, hasta visitas conyugales y reuniones de negocios virtuales y presenciales, nada les ha sido negado. Ellos y sus privilegios son la atronadora bofetada que dan a la población los tartufos que dirigen los poderes del Estado.

Cobardes, sin embargo, estos tartufos alardean de intransigencia frente a los más débiles. Repásese el repertorio de bobadas dichas en tono de poseso cuando abren la boca para condenar la delincuencia, que es siempre, para ellos, la de los pobres. “No pasarán”, “tolerancia cero contra la delincuencia” o cualquiera otra frase similar, tienen como banda sonora los disparos de la Policía en los “intercambios” y los últimos suspiros de los jóvenes marginales –delincuentes y no— que han caído por cientos en los últimos años.

Pero cobardes e hipócritas como han demostrado ser, interponen un cristal entre Sobeida Félix Morel y sus hijos, con quienes se la obliga a hablar a través de un intercomunicador, extremando la sanción que le impusiera el muy conspicuo Pérez Sánchez por introducir un BlackBerry a su celda, mientras que en Najayo-Hombres los exbanqueros disfrutan libremente de los últimos productos de las tecnologías de la comunicación.

A mí, lo confieso, me molesta esta rigurosidad selectiva. Esta criba que deja para la exhibición espectacular a quienes no tienen poder ni dolientes sociales. Me molesta esta falta de sonrojo por la propia desfachatez.

Hasta cuándo durará este estado de impunidad social de quienes tienen dinero y gozan de la complicidad las autoridades gobernantes, no es predecible. Pero seguro que no durará hasta siempre. Eso es lo que espera una parte importante de la sociedad dominicana.

miércoles, 31 de marzo de 2010

En el país de los mil y un cuentos


A fuerza de oír sus “explicaciones”, los dominicanos y dominicanas nos vamos convenciendo de la poca estima que sienten los funcionarios del gobierno, incluido el presidente Leonel Fernández, por la inteligencia colectiva. Las historias tejidas alrededor de los más recientes escándalos no dejan lugar a ninguna otra conclusión. Definitivamente, nos creen tontos irrecuperables.

Por ejemplo, un borrosísimo vídeo tomado por una cámara de seguridad en un centro comercial boricua, en el cual aparece una pareja que puede ser millones, permite al fiscal del Distrito Nacional, Alejandro Moscoso Segarra, dar como verdad axiomática que José Figueroa Agosto y Sobeida Félix Morel andaban despreocupadamente de compras y pagando en efectivo en el moderno San Juan. De opiniones periciales nada, que para el aserto le basta a nuestra eminencia con su ojo de buen cubero. Si la DEA, el FBI, y el Cuerpo de Alguaciles, todos de los Estados Unidos, no se habían enterado hasta ahora de las turísticas andanzas del capo y su cómplice en territorio que les pertenece, peor para ellos. Aquí, en este país inverosímil, ya sabemos que atrapar a Figueroa Agosto y a Félix Morel es tarea ajena, no dominicana, y colorín colorado…

¿Pero en verdad terminó el cuento? No, Scherezade sabe que si se calla correrá la fatal suerte que le ha reservado el sultán. Así que contará durante mil y una noches fantásticas historias con el propósito único de salvar la vida. En esta República Dominicana sin atributos, incontables Scherezades se adelantan a la noche para contarnos soporíferos cuentos diurnos. Son un coro imparable, aunque no siempre armónico.

“En la República Dominicana, nadie va a desafiar (sic) la justicia. Nadie va a burlarse de la ley. Nadie va a retar al Estado democrático. Podríamos (sic) tardar más o menos tiempo. Pero sólo habrá un final: detener a los criminales, llevarlos ante la justicia y hacer que cumplan su condena”, dijo Leonel Fernández en su discurso del pasado 27 de febrero, refiriéndose de manera implícita a un hombre que identificándose como Figueroa Agosto, hizo una segunda llamada al programa “El gobierno de la mañana”, transmitido por la Z-101.

A juzgar por lo dicho por Moscoso Segarra, Figueroa Agosto no solo desafió a la justicia, sino que le sacó expresivamente la lengua a Migración, si salió por alguno de nuestros aeropuertos; a la Marina de Guerra, si lo hizo en yola o yate; y al Instituto Dominicano de Aviación Civil si su fuga del país se produjo en un avión privado, de esos que se les pierden a los radares en lo que dicen berenjena. Y, otra vez, colorín colorado. Moraleja: el 27 de febrero el presidente Leonel Fernández hizo un cuento del hay que pasar la página.

En el ínterin, aparecieron Arturo del Tiempo y sus 1,200 kilos de cocaína purísima llegadas sin suerte al puerto de Valencia, España. Y a partir de ese momento, sus inversiones hipermillonarias, evidencia probatoria de que “e’ palante que vamo’”—presidente Fernández dixit— se convirtieron en escándalo, aquí y acullá.

Los Scherezades travestidos, algunos de los cuales tienen a Wikipedia como supremo recurso de autoridad intelectual, despotrican contra todo intento periodístico de poner los puntos sobre algunas oscuras íes. Perlas ha habido incontables, pero ninguna destaca como la muy huérfana de pedir respeto para la presunción de inocencia de Arturo del Tiempo. ¿Lo pedirán también para José Antonio Hidalgo de Marchena? No lo dudo: el miedo acicatea los disparates.

Pero, ya lo he dicho, nos creen deficientes mentales, y de ahí que no se ruboricen cuando parlotean, elusivos, sobre la corrupción y el narcotráfico. Son los dueños del circo, dirán, pero ¿hasta cuándo?